Cambio climático: un video de la NASA muestra cómo se derritió el írtico en 30 años

Imágenes difundidas por el Observatorio de la Tierra de la NASA muestran cómo disminuyó el área cubierta de hielo en el írtico entre septiembre de 1984 y septiembre de 2016, producto del cambio climático.

Un vídeo publicado por UN Climate Action (@unfccc) el

En el video de la NASA puede verse cómo el hielo más antiguo desaparece y queda el hielo más joven y más vulnerable al aumento de la temperatura terrestre.

De esa manera, en los últimos 32 años se perdió el 94% de los hielos de al menos cuatro años de antigí¼edad (más gruesos y resistentes que los hielos recientes).

Asimismo, a principios de enero, la Organización Meteorológica Mundial confirmó a 2016 como el año más caliente del que se tenga registro y que los polos se están calentando más rápido.

Cómo es la nueva planta para residuos secos de la Ciudad de Buenos Aires

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires inauguró una planta de tratamiento de residuos secos en Villa Soldati que, según aseguró el Ejecutivo porteño, permitirá recuperar 10 toneladas de desechos por hora, a diferencia de las 6 toneladas por día que se procesan en los Centros Verdes. 

Planta de tratamiento de residuos secos MRF del Gobierno de la Ciudad. Foto: Prensa GCBA.

Planta de tratamiento de residuos secos MRF del Gobierno de la Ciudad. Foto: Prensa GCBA.

Cómo funciona la nueva planta

Se trata de una planta de tratamiento de residuos secos con tecnología MRF (Material Recycling Facility, por sus siglas en inglés), que, además de tener una mayor capacidad de tratamiento, «posee una maquinaria que permite reciclar papel, cartón, vidrio, metal o plástico con mejor calidad«, debido a que el proceso de selección «es superior» que otros métodos, informó el gobierno porteño en un comunicado.

En esta planta, el proceso de tratamiento de residuos secos se realiza con una línea de carga automatizada, una primera sección de separación de materiales de dos y tres dimensiones, un separador de materiales ferrosos y no ferrosos, un lector óptico de separación de materiales plásticos, un separador de vidrios, un área de refinamiento manual y una enfardadora.

Planta de tratamiento de residuos secos MRF de la Ciudad de Buenos Aires. Foto: Prensa GCBA.

Planta de tratamiento de residuos secos MRF de la Ciudad de Buenos Aires. Foto: Prensa GCBA.

En el Centro de Reciclaje de Villa Soldati funcionan además una planta de tratamiento de PET (procesa unos 2000 kilos por hora); una planta de tratamiento de residuos orgánicos (tiene una capacidad para tratar entre 10 y 20 toneladas de residuos por día); una planta de tratamiento de residuos de poda y forestales (procesa un total estimado en 18 mil toneladas por año de restos de podas y forestales); y una planta de tratamiento de residuos áridos (puede tratar hasta 2400 toneladas de escombros y restos de construcción por día).

La diferencia con los Centros Verdes

En la actualidad existen ocho Centros Verdes instalados en diferentes zonas de la Ciudad que funcionan como centros de separación y logística. Allí, los recuperadores urbanos llevan el material reciclable que recolectaron en las campanas verdes manuales, puntos verdes o en los consorcios de edificios para procesarlos y así recuperar los materiales que puedan venderse.

La separación de materiales dentro de estos centros se realiza, principalmente, en forma manual, sobre una cinta de clasificación y una enfardadora.

[su_box title=»Los números de la basura en la Ciudad» style=»soft» box_color=»#fdfaf0″ title_color=»#000000″ radius=»7″]El vicejefe porteño, Diego Santilli, aseguró que la Ciudad de Buenos Aires está enterrando «2.800 toneladas/día por sobre las 6.000 que produce”.
Por su parte, el ministro de Ambiente y Espacio Público, Eduardo Macchiavelli, precisó que actualmente la Ciudad está “recuperando, de materiales secos, 400 toneladas por día” y que el objetivo fijado para 2019 es “duplicar esa cantidad” y “llegar a 800 toneladas/día”.[/su_box]

Sigue la deforestación en el norte argentino

Greenpeace publicó un informe anual sobre la deforestación en el norte del país que demuestra que durante el año pasado en las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Salta y Formosa se desmontaron más de 40.000 hectáreas de bosques protegidos, una superficie equivalente a dos veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires. 

2

“Este informe evidencia la urgente necesidad de contar con una ley que penalice al que desmonta donde está prohibido. Quienes destruyen los bosques no son empresarios, son delincuentes», señaló Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace.

El informe, realizado mediante la comparación de imágenes satelitales, revela que la superficie desmontada durante 2016 en las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Salta y Formosa fue de 112.252 hectáreas (un 50% menor al promedio anual previo a la sanción de la Ley de Bosques). Sin embargo, más de un tercio de la deforestación se produjo en bosques protegidos por la normativa, alcanzando las 41.595 hectáreas.

El documento publicado por la organización ecologista detalla que el 80% de la deforestación del país se concentra en estas cuatro provincias y la principal causa es el avance de la frontera agropecuaria (soja transgénica y ganadería intensiva).

“Desde la sanción de la Ley de Bosques se ha reducido la deforestación, pero hay muchísimos casos de desmontes en bosques protegidos, a veces con la complicidad de los gobiernos provinciales. Necesitamos que el Congreso sancione lo antes posible la Ley de Delitos Forestales que presentamos el año pasado”, afirmó Giardini.

En 2014 el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) advirtió que en la última década los desmontes fueron “la principal fuente de emisiones de carbono del norte argentino” y que en nuestro país se produce el 4,3% de la deforestación global.

Foto gentileza Greenpeace Argentina

Compostaje, un recurso al alcance de todos

Referente en políticas ambientales, el ingeniero Mauricio Cogollo Rueda propone técnicas para el reciclaje de residuos y la recuperación de espacios verdes. “Es importante que la gente se sume a recuperar residuos independientemente de su profesión o condición social”, asegura. 

Mauricio Cogollo Rueda. Foto: Mauricio Cogollo Rueda, cedida a Claves21 para esta nota.

Mauricio Cogollo Rueda. Foto: Mauricio Cogollo Rueda, cedida a Claves21 para esta nota.

“Soy ambientalista desde que aprendí a caminar”. No cuesta creerle a Mauricio Cogollo Rueda. Uno puede imaginar la infancia en Colombia de este ingeniero ambiental y sanitario, preocupándose si sus padres tiraban en una misma bolsa papeles y cáscaras de fruta. Especialista en técnicas de reciclaje de residuos sólidos, Cogollo Rueda vive hace siete años en nuestro país y reparte su tiempo colaborando en varias ONG y como docente en la Universidad de Flores, además de haber pasado por la Secretaría de Higiene Urbana, del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño. En todos los casos, el vínculo se dio desde el lugar de un vecino con inquietudes.

“La Comuna 7 –que comprende los barrios de Flores y Parque Chacabuco– venía trabajando el reciclaje de residuos y estimulando a vecinos a participar de talleres de separación de residuos. “Yo me incorporé un año después de que el proyecto estuvo en marcha y empezamos a ver cómo lo podíamos fortalecer. Empecé como voluntario, trayendo material reciclable, y después terminé integrándome al equipo”, recuerda.

[su_note note_color=»#99CC00″ text_color=»#000000″ radius=»20″]“Utilizando materiales de bajo costo como botellones plásticos de agua, baldes de pintura o madera y algunas lombrices se pueden armar composteras”.[/su_note]

Dicen que la caridad bien entendida empieza por casa. Metódicamente, además de separar el material reciclable, Cogollo Rueda recupera los residuos alimentarios que desecha en su hogar para producir abono. “Hay que impulsar el reciclaje –señala el ingeniero– porque se incorporan materias primas que se pueden introducir a un ciclo productivo. Pero el reciclaje sólo soluciona la mitad del problema: más del 40 por ciento de los residuos que se originan en una casa de familia son de origen vegetal, como cáscaras de fruta, hojas de lechuga, descartes de alimentos que se pudren, pero utilizando materiales de bajo costo como botellones plásticos de agua, baldes de pintura o madera y algunas lombrices se pueden armar composteras”.

¿Qué es el compostaje?

El compostaje es un proceso de transformación y estabilización de estos residuos vegetales que, utilizando hongos y bacterias, se convierte en un abono de buena calidad. El método contempla un amplio abanico de posibilidades para trabajar sobre cada tipo de residuo. En el caso de los residuos domiciliarios, lo más eficiente son las lombrices. Para los residuos de madera, como los descartes de carpintería, por ejemplo, lo mejor son los hongos.

“Cuando estamos en la naturaleza, no existe el concepto de basura: las plantas mueren, los frutos se caen. Es material biorgánico que pasa por un proceso y termina abonando la misma tierra”, explica Cogollo Rueda. Para el ambientalista, el recurso es muy sencillo de implementar en cualquier hogar: “La compostera debería imitar lo más posible las condiciones del suelo con los materiales que se tengan a mano. Hay muchas composteras que ya están diseñadas, pero que yo no pueda invertir en una de ellas no significa que no la pueda hacer. Yo promuevo que la gente se haga su propia compostera: lo que la imaginación y el espacio me permitan”.

Por más que no se trata de un proceso complejo, el compostaje requiere de paciencia. Hay que dejar que el material se homogenice y, si se trata de desperdicios de entrecasa, que las lombrices colonicen la zona. El tiempo de proceso desde que se colocan los residuos hasta que se forma un manto de tierra es de aproximadamente dos meses, dependiendo del clima: en temporadas de calor puede tardar menos, mientras que en invierno es un poco más lento.

Reciclar y concientizar

Según Cogollo Rueda, “no basta más que instalar una mesita en una plaza y traer una muestra de lombrices o residuos orgánicos, haciendo composteras que no requieren costos, y la gente se engancha”, pero reconoce que la iniciativa merece mayor compromiso tanto del ámbito público como del privado. “Independientemente que de que se cumpla o no, hay mucha información circulando. Se sabe, por ejemplo, que el cartón y el vidrio se reciclan”.

Con un pie en ambos universos –el Gobierno de la Ciudad y la UFLO, que establecieron un convenio de cooperación–, el ingeniero trabajó varias iniciativas en la Comuna 7. Junto al írea de Higiene Urbana, Espacios Verdes y Desarrollo Socio-Ambiental y un grupo de voluntarios comenzó la recuperación del Patio Porteño Fray Cayetano Rodríguez, cercano a la estación de Flores, donde se montó una colección de plantas nativas.

“El patio estaba abandonado, prácticamente sin vegetación, entonces decidimos embellecerlo y poner allí un jardín de plantas nativas. Hoy en día estamos llegando a las setenta especies. Hay de todo: árboles, herbáceas, enredaderas, plantas que atraen mariposas”, dice Cogollo Rueda, mientras cuenta que la Red Ambiental – Comuna 7 planea replicar la experiencia en un espacio similar en la calle Donato ílvarez. Además, el año pasado participó de una jornada en la universidad sobre gestión de residuos sólidos, con nutrida asistencia de vecinos.

Economía circular: vivir con lo necesario

No es una tendencia nueva, pero la agenda ambiental cada vez pone mayor énfasis en el concepto de economía circular. Se pregona por una revisión sobre el flujo y el circuito de los recursos, aunque la cuestión no es nada fácil si se tiene en cuenta el descarte serial en el que vivimos. Se extraen recursos naturales, se procesan, se vende un producto, se consume y se tira.

[su_note note_color=»#99CC00″ text_color=»#000000″ radius=»20″]“La economía circular apuesta a que la extracción sea la mínima indispensable, que la producción sea limpia, que el consumidor sea responsable y que a la hora del descarte ese elemento se reincorpore al ciclo productivo”.[/su_note]

“Cada vez tenemos más presión y una población en aumento, igual que sus necesidades”, opina Cogollo Rueda, y cita las metas que fijaba Agenda 21, el plan de acción ambiental propuesto por la ONU a fines de la década del 90, en el que uno de propósitos era satisfacer las necesidades básicas de toda la comunidad. Pero, claro, las necesidades actuales son muy distintas a las de hace quince años.

De todas maneras, Cogollo Rueda está lejos ser un fundamentalista. “Todos queremos tener el último celular. Eso no es oponerse al confort que nos ofrecen estos adelantos, pero no podemos negar que se genera más presión extractiva.

¿Adónde van a parar esos celulares qué se descartan? La economía circular, entonces, apuesta a que la extracción sea la mínima indispensable, que la producción sea limpia, que el consumidor sea responsable y que a la hora del descarte, buscar la manera de que ese elemento se reincorpore al ciclo productivo”, concluye.

 

Contacto:

Facebook: Compostaje Domiciliario
Twitter: @mauricio1cr