Los pobladores del norte de Esmeraldas, Ecuador, denuncian la contaminación de ríos y fuentes de agua, un problema que los perjudica desde hace más de seis años. Saben que los tóxicos están en sus cuerpos y piden ayuda al Gobierno.

Las comunidades se manifestaron y denunciaron la contaminación de los ríos en Esmeraldas.
Las comunidades se manifestaron y denunciaron la contaminación de los ríos en Esmeraldas.

Granos bravos

La Organización Mundial de la Salud advierte que más de 0,1 mg/l de aluminio en el agua puede ser peligroso para la salud. Niños y jóvenes al norte de Esmeraldas, en Ecuador, se bañan en ríos con concentraciones de aluminio de hasta 18 mg/l.

Uno de ellos es Adamary. Ella tiene 15 años. Vive con su familia en la parroquia Selva Alegre, a la orilla del Río Santiago, en el cantón Eloy Alfaro. Su rostro moreno está lleno de granos, que le pican día y noche. En la zona se los conoce como “granos bravos”. Adamary asegura que se debe a la contaminación del río y sospecha que la causa es la minería. El poco dinero que consigue su padre de la tala de madera solo abastece las necesidades básicas de la familia, y no les alcanza para comprar la crema que podría aliviar su picazón. Su familia forma parte del 84,6% de la población que no tiene las necesidades básicas cubiertas en el norte de Esmeraldas.

Su hermana melliza, Maripier, tiene una mancha café oscura en el pecho. Ella dice que es un hongo que le crece después de sumergirse en el agua. Cuando el río está muy turbio y las lluvias son escasas, las hermanas y sus padres deben caminar dos horas por el monte hasta encontrar un estero de agua limpia. Hace más de un año que el sistema de agua potable de la comunidad se dañó y desde entonces dejó de funcionar.

Maripier tiene una mancha café oscura en el pecho. Dice que es un hongo que le crece después de sumergirse en las aguas del Río Santiago.
Maripier tiene una mancha café oscura en el pecho. Dice que es un hongo que le crece después de sumergirse en las aguas del Río Santiago.

La minería del oro

Desde hace más de nueve años viene desarrollándose mucha actividad minera aurífera mecanizada cerca de los ríos en el norte de Esmeraldas. En el 2011, las comunidades del cantón Eloy Alfaro y San Lorenzo, especialmente la comunidad San Agustín, se manifestaron y denunciaron la contaminación de los ríos. La Secretaría Nacional del Agua, acudió a la zona para hacer análisis de los esteros. Los resultados demostraron que el agua no era apta, ni siquiera, para el consumo animal.

Ese mismo año, después de que el ejército destruyera cerca de 70 maquinarias de la minería ilegal, el gobierno intervino con la Empresa Nacional de Minería (ENAMI). Dicha institución, prometió reparar los daños ambientales causados por la minería informal e ilegal, pues hasta entonces no existía la llamada minería formal.

Unas 25 organizaciones sociales y Gobiernos Autónomos Descentralizados exigieron la reparación ambiental.

Cinco años después, el pasado 23 de noviembre, una delegación de 40 personas llegó al exterior del Palacio de Carondelet en Quito, donde expresaron, con una protesta pacífica y colorida, que el pueblo afroesmeraldeño seguía sufriendo los efectos de la contaminación provocada por la minería, por los cultivos de palma africana y por la deforestación intensiva en los bosques como el Chocó.

En un comunicado, entregado a las autoridades del Gobierno nacional, 25 organizaciones sociales y Gobiernos Autónomos Descentralizados exigieron la reparación ambiental que había quedado solo en una promesa.

El ENAMI desempeñó la función de formalizar a los mineros artesanales, que con bateas de madera y mercurio sacan oro a las orillas de los ríos. Reunió a los mineros artesanales para formar la asociaciones, con la de Corprosan y les otorgó retroexcavadoras para ejecutar minería a pequeña escala. Según el decreto nro. 970 de la presidencia, el ENAMI concesionó un área de minería de 18.000 hectáreas que comprenden el río Santiago, Huimbí, Cachaví y Carolina.

En la mayoría de los ríos afectados por la minería, los científicos encontraron una disminución significante de la biodiversidad acuática.

“Al tener una actividad ya formalizada puedes hacer un seguimiento de los montos de producción, y es de esta forma como el Estado obtiene su retribución”, afirmó el Ministro de Minas, Javier Córdova, quien preside el directorio de la empresa minera. Además, argumenta, que la minería a pequeña y gran escala se la puede controlar mejor que a la minería artesanal e informal, pues necesitan más requisitos, tal como una licencia ambiental o informes de producción.

En un estudio realizado en el 2014 por el Ministerio del Ambiente (MAE) y la Pontificia
Universidad Católica de Esmeraldas (PUCESE), consta que en los lugares donde el ENAMI intervino no hubo una reparación adecuada para recuperar el área explotada.

El documento describe que en estaciones como la del estero San Antonio, en el río de Cachaví, solo se taparon los huecos y aún se observaban las estructuras abandonadas de los campamentos y de piscinas inertes. En la mayoría de los ríos afectados por la minería, los científicos encontraron una disminución significante de la biodiversidad acuática. Eduardo Rebolledo, biólogo de la PUCESE, cuenta que en algunos ríos encontraron peces con malformaciones pero no sabe cuáles son los químicos responsables.

La acumulación de los metales pesados y otros químicos en el organismo humano es silenciosa.

Estero Muerto

Antes de llegar a la comunidad de la joven Adamary, en el estero Muerto, las secuelas de la minería son parecidas. Tal como su nombre lo indica, el estero está muerto. No hay peces. El agua turbia del río tiene un color marrón claro. Desde una loma se observa una extensión, de aproximadamente 300 hectáreas, afectadas. Pocos árboles grandes surgen del suelo rojizo y aparecen parches totalmente pelados. Entre la maleza y la hierba se esconden tres de las 7.000 piscinas negras abandonadas por la minería en el territorio perteneciente a los dos cantones; “donde, en algunas, el arsénico se concentra hasta el 30%, cuando solo está permitido el 0,4%”, aseguró el Párroco de la parroquia de Borbón, Aldo Pusterla, quien ha colaborado en denunciar la contaminación de los ríos al norte de Esmeraldas.

Los peces que consumen las comunidades acumulan los tóxicos.
Los peces que consumen las comunidades acumulan los tóxicos.

Duquer, presidente de la comunidad maderera y minera de los Ajos, asegura que estas piscinas son criaderos de zancudos. Cuenta que hace dos meses, en su comunidad y otras cercanas, hubo una propagación de mosquitos que trasmitían paludismo.

De acuerdo a la base de datos de 2015 del Ministerio de Salud, las infecciones de las vías genitourinarias en el embarazo es la principal causa de morbilidad en el cantón Eloy Alfaro y San Lorenzo. Diarreas y gastroenteritis de presunto origen infeccioso es la tercera enfermedad más común.

El arsénico, el mercurio y el azufre son metales que pueden provocar infertilidad, abortos y defectos de nacimiento.

Las consecuencias de la contaminación de los ríos en la salud de las personas no siempre son tan evidentes como un dolor de estómago, sarpullidos en la piel, infecciones vaginales o propagación de enfermedades por los zancudos. La acumulación de los metales pesados y otros químicos en el organismo humano es silenciosa y solo se hace presente con males que a veces son inexplicables, tales como el cáncer o el Alzheimer.

“Todo el mundo sataniza al mercurio pero hay otros metales como el hierro, el aluminio, el arsénico que también son peligrosos, todo depende de la cantidad. Al aluminio (que existe en niveles altos naturalmente) se lo vincula con la enfermedad de Alzheimer”, aseguró Rebolledo. Según el estudio del MAE y la PUCESE los metales pesados pueden afectar al ADN y los cromosomas de las personas. Uno de esos efectos es el síndrome de Down. El mercurio, junto a los herbicidas, es una de las causas que puede producir esta enfermedad, así como malformaciones. Mientras que el arsénico, el mercurio y el azufre son metales que pueden provocar infertilidad, abortos, defectos de nacimiento y, en el caso de los varones, daños en el esperma.

Los peces que consumen las comunidades acumulan los tóxicos. Los síntomas demoran en aparecer: los habitantes saben que llevan el problema dentro y que hay poco que puedan hacer.

“Estamos preocupados y queremos saber la causa directa de las enfermedades que estamos padeciendo. Hace unos seis o siete años atrás no teníamos tantas enfermedades, ahora tenemos muchas que no se pueden curar”. Cuando la enfermera auxiliar Feliza Caicedo habla sobre las enfermedades, en su mirada se nota la angustia y en su voz las ganas de hacerse escuchar. Lleva un turbante morado y un vestido flojo de figuras amarillas y azules. Caicedo El estero el Muerto no tiene vida. Cuando el río está turbio los habitantes saben que está contaminado. calcula que en lo que va del 2016 ha habido 45 casos de cáncer. “En este mes (noviembre) se reportaron 10 casos”, especifica. Cáncer de estómago, vaginales, de mama o de próstata, son los más comunes. Su desesperación más grande es no conocer de dónde vienen los químicos que causan las enfermedades y de no saber qué tan contaminados están sus cuerpos. Osvaldo Ruíz, de la pastoral Afro de Esmeraldas pide que se realicen exámenes del pelo de los comuneros para determinar el nivel de contaminación que existe en sus organismos.

La palmicultura

“¿Qué contamina más la minería o la palmicultura?” se cuestiona Duquer a la orilla del río Cachaví, donde a veces se baña a pesar de ser uno de los ríos más contaminados de la zona. Antes de llegar a los Ajos, hay que atravesar cultivos de palma africana por dos horas en auto.

El cultivo masivo de palma ha destrozado bosques enteros, sobretodo en el Chocó, uno de los ecosistemas más biodiversos del mundo.

La palmicultura llegó al norte de Esmeraldas en los años 50, pero no fue sino hasta 1967 cuando se empieza a extender. En 1998 la palma africana ocupaba apenas 272 hectáreas. En la actualidad ocupan más de 40 000 hectáreas. Es decir, un equivalente a unas 38 000 canchas de fútbol. Más del 60% del suelo cultivable en la provincia de Esmeraldas está sembrado de palma a pesar de que gran parte de este territorio es ancestral y según la Ley  está prohibida su venta.

Este cultivo masivo ha destrozado bosques enteros, sobretodo en el Chocó uno de los ecosistemas más biodiversos del mundo, el cual según el Fondo de Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés) solo queda un 2% en el Ecuador.

No se sabe a ciencia cierta si los químicos que utilizan las palmicultoras o los metales pesados de la minería son los causantes de los granos en el rostro de Adamary o del hongo que le aparece a, su hermana, Marypier. Lo que los afroecuatorianos del norte de Esmeraldas sí saben es que sus ríos están contaminados y que sufren las consecuencias de un proceso de marginación y exclusión social que ha durado décadas. Lo único que piden al gobierno es un sistema de agua potable y una remediación ambiental inmediata.

Fotos: Valeria Sorgato 

Esta nota ganó el Premio de Periodismo Ambiental 2016 organizado por la Revista Claves21. 

2 COMENTARIOS

  1. Este artículo refleja una pequeña parte de los graves problemas Socioambientales en la zona norte de Esmeraldas; las organizaciones comunitarias y sociales seguiremos luchando en contra de la contaminacion de los rios con la venia y aprobacion del gobierno, defendetemos el territorio ancestral, enfrentandonos a un gobierno ausente, que propone las actividades extractivas como única solución a sus necesidades económicas, sin importar los efectos mortales a la población…

    • Este artículo refleja una pequeña parte de los graves problemas Socioambientales en la zona norte de Esmeraldas; las organizaciones comunitarias y sociales seguiremos luchando en contra de la contaminacion de los rios que se realiza con la venia del gobierno a causa de la minería, la deforestación y las palmicultoras; defenderemos el territorio ancestral, enfrentandonos a un gobierno ausente, que propone las actividades extractivas como única solución a sus necesidades económicas, sin importar los efectos mortales a la población…

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