El cambio climático es la amenaza que hoy por hoy ha encendido las alarmas de los gobiernos mundiales. Hasta hace unos años era considerado solo un mito, pero en la actualidad, debido a los efectos negativos que han comenzado a ser evidentes en ecosistemas vitales como los acuáticos y boscosos -que proporcionan vida a todos los seres del planeta incluido el ser humano- los países han empezado a adoptar medidas que no solo mitiguen si no que también ayuden a la población a adaptarse a los cambios bruscos del clima.

Cambio climático en Colombia. Foto: Agencia Prensa Rural. Licencia: Creative Commons BY-NC-ND 2.0.
Cambio climático en Colombia. Foto: Agencia Prensa Rural. Licencia: Creative Commons BY-NC-ND 2.0.

En el caso del país cafetero, siendo uno de los más biodiversos del planeta que alberga montañas, nevados, páramos, desiertos, selvas, sabanas, entre otros; el gobierno nacional ha decidido llevar estrategias mundiales a un escenario más específico debido a la particularidad del territorio.

“Colombia ha venido trabajando en cuatro estrategias para enfrentar el cambio climático: Estrategia Nacional REDD (ENREDD), Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono (ECDBC) y una estrategia financiera.

Esas iniciativas hacen parte integral de la política de cambio climático que está en construcción y son las reglas de juego para enfrentar el cambio climático”, señaló Susana Vélez Haller, Ingeniera Forestal, Especialista en Gestión Ambiental, MsC Sustaible Resource Management. En la actualidad se desempeña como Especialista REDD, asistente técnica subdirección desarrollo local y cambio global en la Fundación Natura.

La comunidad en general debe adquirir herramientas técnicas y prácticas que protejan los sistemas productivos de los que dependen y su salud.

Aunque el país cuente con iniciativas que se vienen adelantando desde diferentes frentes del gobierno, aún tiene un reto importante en cuanto a implementación, debido a una gama de factores: el primero tiene que ver con la concepción que tiene la población en general sobre el cambio climático.

Muchas personas creen que este fenómeno solo afecta ecosistemas y otras especies, pero que el ser humano está a salvo de sus consecuencias. Sin embargo, como resalta Diana Torres, Coordinadora de Cambio Climático de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena (Cormacarena), “la base de toda economía, especialmente la de Colombia, son sus recursos naturales, así que al afectar las variaciones en la base ecológica (ecosistemas, poblaciones y biodiversidad) está convirtiéndose en una problemática directa de las comunidades, ya que hay una disminución en la producción de los servicios ecosistémicos y un cambio drástico en el socioecosistema, lo que conlleva a reducción del recurso hídrico para abastecimiento, perdida de suelo (lo que afecta a la agricultura) y de la distribución de especies para consumo humano y subsistencia”.

“Ya tenemos casos puntuales como los dejados por los fenómenos extremos de El Niño y La Niña: inundaciones, daños en los sistemas productivos y afectación de la calidad de vida, enfermedades (como el dengue) en zonas donde antes no se daba, pérdidas económicas y pérdidas de vidas”, complementó Vélez.

Es por eso que no solo los profesionales en el área ambiental deben capacitarse para hacerle frente al cambio climático. La comunidad en general debe adquirir herramientas técnicas y prácticas que protejan los sistemas productivos de los que dependen y su salud.

“Las acciones uno a uno como habitante, como agente activo del territorio van a permitir que los mecanismos de adaptación sean efectivos. Siendo conscientes de la amenaza que representa el cambio climático modificaremos nuestras acciones diarias que van a permitir la conservación de los ecosistemas y las especies (…) todos somos educadores potenciales sobre cambio climático”, explicó Torres.

Sin embargo debido a que el territorio nacional cuenta con diversidad de climas y paisajes de una región a otra, las estrategias nacionales deben ser aterrizadas al ámbito regional, departamental y local para asegurar su efectividad y éxito.

El caso de Orinoquia

Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM), se estima que la
temperatura de la Orinoquia va a presentar un aumento de aproximadamente 2°C al año 2100, así mismo una disminución de precipitaciones del 7% con referencia a las actuales. “Eso nos pone en un estado demasiado grave como una región vulnerable por sus ecosistemas, como una región que debe migrar y que tiene que adaptar sus sistemas productivos y sus comunidades hacía los cambios de las variaciones de precipitación y temperatura”, resalta Diana Torres.

Es por eso que desde el año 2012 se dio inicio a una articulación interinstitucional bajo el nombre de Nodo Regional, una figura creada por el gobierno nacional y que está presente en todas las zonas del país.

Torres señala que uno de los resultados de esta iniciativa es el Plan Integral Regional de Cambio Climático de la Orinoquia (PRICCO), en el que se empezó a trabajar desde el 2015 y del que hacen parte la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena (Cormacarena), la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquia (Corporinoquia), el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y ECOPETROL S.A, como parte del sector industrial.

“Este instrumento está enfocado a fortalecer capacidades, así como identificar la vulnerabilidad y generar las estimaciones de gases de efecto invernadero, para poder llegar a identificar medidas de adaptación y mitigación con un eje fundamental que es la educación, el cual va a permitir que los actores estratégicos del territorio tomen decisiones acertadas que nos permitan mitigar y adaptarnos a los efectos que se esperan con la variación del clima”, complementó.

“Necesitamos poner el cambio climático en un lenguaje común, simple, que sea entendido e interiorizado por todos”.

La educación como herramienta de adaptación

¿Se está educando a las nuevas generaciones sobre cambio climático? Para Susana Vélez la realidad es que es muy poco lo que se les enseña a los jóvenes. ¿Por qué? “Mucha de la información usada es errónea o confusa. Necesitamos poner el cambio climático en un lenguaje común, simple, que sea entendido e interiorizado por todos”

En el caso regional, para Diana Torres y desde la institución a la que pertenece, el PRICCO tiene como componente importante y prioritario la educación climática, en primera medida para fortaleciendo la institucionalidad por medio de capacitaciones que ponen en contexto a los actores del territorio y los empodera con herramientas adecuadas para hacerle frente a este fenómeno.

Otra de las iniciativas es Jóvenes en Ambiente, en donde se les enseñan bases técnicas y científicas que les permiten la toma de decisiones y la multiplicación del conocimiento, así son ellos quienes crean conciencia en su territorio y quienes actúan en busca de un futuro mejor para las nuevas generaciones.

Además, señala Torres, “se está trabajando con algunos rectores de las instituciones educativas de la Orinoquia, para incluir en sus planes educativos el cambio climático”. Sin embargo, como menciona la investigadora de Fundación Natura, es importante analizar el lenguaje que se utiliza para transmitir este conocimiento, para no crear confusión si no al contrario los pobladores sepan cómo y hacía dónde deben trabajar.

El papel de los medios de comunicación

¿Por qué resalta Vélez la importancia de utilizar un lenguaje adecuado para hablar sobre cambio climático? Primero se trata de que la información sea entendida por quienes reciben este mensaje, pero además tiene ver con que el canal de comunicación esté capacitado para utilizar los términos adecuados a la hora de revelar los datos.

Ese canal son los medios de comunicación, los encargados de informar a la población sobre lo que está sucediendo en su pueblo, ciudad, región, país o en el mundo entero; pero en algunas ocasiones, es lamentable el tratamiento erróneo que se le da algunos temas.

Para Veléz, según los medios “ahora todo es culpa del cambio climático” y se sigue usando “un lenguaje muy técnico” que la mayoría de personas no entienden y aunque estos “son un instrumento valioso y tienen un potencial grande para informar adecuadamente sobre este tema”, como lo menciona Torres, se ha evidenciado que los profesionales no tienen el conocimiento suficiente para publicar información acertada.

“Hay que capacitar a los comunicadores sobre temas ambientales, para que puedan tener un punto de vista critico basado en el conocimiento”.

Primero: no están capacitados, segundo: no tienen a mano la información que se ha generado y tercero: no entienden el tema; por lo que es importante que desde la institucionalidad se fortalezca el conocimiento de estos profesionales para que puedan diferenciar por ejemplo: un evento de variabilidad climática (cambios naturales del clima, como los fenómenos El Niño y La Niña) a uno de cambio climático (la duración y la fuerza de estos fenómenos).

Como puntualizó la coordinadora de cambio climático de Cormacarena, “hay que capacitar a los comunicadores sobre temas ambientales, para que puedan tener un punto de vista critico basado en el conocimiento; pero también deben adquirir el compromiso de volverse investigadores y actores estratégicos del territorio.

 

Nota: el presente artículo fue realizado en el marco del Curso sobre Cambio Climático para Periodistas organizado por Claves21.com.ar con el apoyo de Earth Journalism Network. Se trata de una de las historias destacadas de dicho programa de capacitación online.

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