Referente en políticas ambientales, el ingeniero Mauricio Cogollo Rueda propone técnicas para el reciclaje de residuos y la recuperación de espacios verdes. “Es importante que la gente se sume a recuperar residuos independientemente de su profesión o condición social”, asegura. 

Mauricio Cogollo Rueda. Foto: Mauricio Cogollo Rueda, cedida a Claves21 para esta nota.
Mauricio Cogollo Rueda. Foto: Mauricio Cogollo Rueda, cedida a Claves21 para esta nota.

“Soy ambientalista desde que aprendí a caminar”. No cuesta creerle a Mauricio Cogollo Rueda. Uno puede imaginar la infancia en Colombia de este ingeniero ambiental y sanitario, preocupándose si sus padres tiraban en una misma bolsa papeles y cáscaras de fruta. Especialista en técnicas de reciclaje de residuos sólidos, Cogollo Rueda vive hace siete años en nuestro país y reparte su tiempo colaborando en varias ONG y como docente en la Universidad de Flores, además de haber pasado por la Secretaría de Higiene Urbana, del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño. En todos los casos, el vínculo se dio desde el lugar de un vecino con inquietudes.

“La Comuna 7 –que comprende los barrios de Flores y Parque Chacabuco– venía trabajando el reciclaje de residuos y estimulando a vecinos a participar de talleres de separación de residuos. “Yo me incorporé un año después de que el proyecto estuvo en marcha y empezamos a ver cómo lo podíamos fortalecer. Empecé como voluntario, trayendo material reciclable, y después terminé integrándome al equipo”, recuerda.

“Utilizando materiales de bajo costo como botellones plásticos de agua, baldes de pintura o madera y algunas lombrices se pueden armar composteras”.

Dicen que la caridad bien entendida empieza por casa. Metódicamente, además de separar el material reciclable, Cogollo Rueda recupera los residuos alimentarios que desecha en su hogar para producir abono. “Hay que impulsar el reciclaje –señala el ingeniero– porque se incorporan materias primas que se pueden introducir a un ciclo productivo. Pero el reciclaje sólo soluciona la mitad del problema: más del 40 por ciento de los residuos que se originan en una casa de familia son de origen vegetal, como cáscaras de fruta, hojas de lechuga, descartes de alimentos que se pudren, pero utilizando materiales de bajo costo como botellones plásticos de agua, baldes de pintura o madera y algunas lombrices se pueden armar composteras”.

¿Qué es el compostaje?

El compostaje es un proceso de transformación y estabilización de estos residuos vegetales que, utilizando hongos y bacterias, se convierte en un abono de buena calidad. El método contempla un amplio abanico de posibilidades para trabajar sobre cada tipo de residuo. En el caso de los residuos domiciliarios, lo más eficiente son las lombrices. Para los residuos de madera, como los descartes de carpintería, por ejemplo, lo mejor son los hongos.

“Cuando estamos en la naturaleza, no existe el concepto de basura: las plantas mueren, los frutos se caen. Es material biorgánico que pasa por un proceso y termina abonando la misma tierra”, explica Cogollo Rueda. Para el ambientalista, el recurso es muy sencillo de implementar en cualquier hogar: “La compostera debería imitar lo más posible las condiciones del suelo con los materiales que se tengan a mano. Hay muchas composteras que ya están diseñadas, pero que yo no pueda invertir en una de ellas no significa que no la pueda hacer. Yo promuevo que la gente se haga su propia compostera: lo que la imaginación y el espacio me permitan”.

Por más que no se trata de un proceso complejo, el compostaje requiere de paciencia. Hay que dejar que el material se homogenice y, si se trata de desperdicios de entrecasa, que las lombrices colonicen la zona. El tiempo de proceso desde que se colocan los residuos hasta que se forma un manto de tierra es de aproximadamente dos meses, dependiendo del clima: en temporadas de calor puede tardar menos, mientras que en invierno es un poco más lento.

Reciclar y concientizar

Según Cogollo Rueda, “no basta más que instalar una mesita en una plaza y traer una muestra de lombrices o residuos orgánicos, haciendo composteras que no requieren costos, y la gente se engancha”, pero reconoce que la iniciativa merece mayor compromiso tanto del ámbito público como del privado. “Independientemente que de que se cumpla o no, hay mucha información circulando. Se sabe, por ejemplo, que el cartón y el vidrio se reciclan”.

Con un pie en ambos universos –el Gobierno de la Ciudad y la UFLO, que establecieron un convenio de cooperación–, el ingeniero trabajó varias iniciativas en la Comuna 7. Junto al Área de Higiene Urbana, Espacios Verdes y Desarrollo Socio-Ambiental y un grupo de voluntarios comenzó la recuperación del Patio Porteño Fray Cayetano Rodríguez, cercano a la estación de Flores, donde se montó una colección de plantas nativas.

“El patio estaba abandonado, prácticamente sin vegetación, entonces decidimos embellecerlo y poner allí un jardín de plantas nativas. Hoy en día estamos llegando a las setenta especies. Hay de todo: árboles, herbáceas, enredaderas, plantas que atraen mariposas”, dice Cogollo Rueda, mientras cuenta que la Red Ambiental – Comuna 7 planea replicar la experiencia en un espacio similar en la calle Donato Álvarez. Además, el año pasado participó de una jornada en la universidad sobre gestión de residuos sólidos, con nutrida asistencia de vecinos.

Economía circular: vivir con lo necesario

No es una tendencia nueva, pero la agenda ambiental cada vez pone mayor énfasis en el concepto de economía circular. Se pregona por una revisión sobre el flujo y el circuito de los recursos, aunque la cuestión no es nada fácil si se tiene en cuenta el descarte serial en el que vivimos. Se extraen recursos naturales, se procesan, se vende un producto, se consume y se tira.

“La economía circular apuesta a que la extracción sea la mínima indispensable, que la producción sea limpia, que el consumidor sea responsable y que a la hora del descarte ese elemento se reincorpore al ciclo productivo”.

“Cada vez tenemos más presión y una población en aumento, igual que sus necesidades”, opina Cogollo Rueda, y cita las metas que fijaba Agenda 21, el plan de acción ambiental propuesto por la ONU a fines de la década del 90, en el que uno de propósitos era satisfacer las necesidades básicas de toda la comunidad. Pero, claro, las necesidades actuales son muy distintas a las de hace quince años.

De todas maneras, Cogollo Rueda está lejos ser un fundamentalista. “Todos queremos tener el último celular. Eso no es oponerse al confort que nos ofrecen estos adelantos, pero no podemos negar que se genera más presión extractiva.

¿Adónde van a parar esos celulares qué se descartan? La economía circular, entonces, apuesta a que la extracción sea la mínima indispensable, que la producción sea limpia, que el consumidor sea responsable y que a la hora del descarte, buscar la manera de que ese elemento se reincorpore al ciclo productivo”, concluye.

 

Contacto:

Facebook: Compostaje Domiciliario
Twitter: @mauricio1cr

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