Este año se perfila como un punto de inflexión en la lucha contra el cambio climático gracias a los compromisos asumidos por países desarrollados y en vías de desarrollo para reducir su nivel de emisiones de gases de efecto invernadero, que deberán plasmarse en un acuerdo global vinculante en la cumbre de diciembre en París, la COP21.

COP21 - París 2015. Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Foto: Tavker. Licencia: CC BY-SA 2.0.
COP21 – París 2015. Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Foto: Tavker. Licencia: CC BY-SA 2.0.

América Latina y el Caribe representan el 9.6% de las emisiones del planeta, incluyendo las vinculadas a deforestación y uso del suelo. En ese sentido, un total de 19 países de la región presentaron ante Naciones Unidas sus Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por su sigla en inglés). Hablar de INDC es hablar de los planes nacionales para reducir emisiones y luchar contra el cambio climático.

Estos planes presentados por los países latinoamericanos tienen semejanzas y diferencias en las reducciones comprometidas y en el año base utilizado para el cálculo. Muchos han definido metas “incondicionales” apoyándose en recursos propios, un factor positivo que muestra el nivel de madurez de los Estados, pero también incluyeron metas “condicionales”, supeditadas al logro de financiamiento internacional.

Trabajar sobre el sector energético es uno de los ejes principales en los INDC de la región.

Es destacable, además, que algunos países llevaron adelante procesos multisectoriales de consulta pública para la definición de sus INDC, como México y Chile.

Trabajar sobre el sector energético es uno de los ejes principales en los INDC de la región, con el objetivo de desarrollar energías renovables convencionales como la hidroeléctrica y no convencionales como la solar y eólica, e implementar medidas de eficiencia energética. Al mismo tiempo, se pone el eje en el sector forestal para reducir la pérdida de bosques y en implementar medidas en el sector agropecuario, del transporte e industrial.

La propuesta argentina para la COP21

Argentina propone reducir sus emisiones en un 15 por ciento a 2030, respecto a los niveles de 2005. Ese compromiso es incondicional. No obstante, además propone una reducción de un 15 por ciento adicional (alcanzando así un total de 30 por ciento de recorte de emisiones) si se contase con financiamiento internacional.

Argentina es responsable del 0,8 por ciento de la emisión de gases de efecto invernadero del mundo. De esa cifra, el 43 por ciento proviene del sector energético; el 28 por ciento, de la agricultura y ganadería; el 21 por ciento, del cambio de uso del suelo y silvicultura; el 5 por ciento de residuos, y el 3 por ciento, de procesos industriales.

El gobierno argentino consideró que esta propuesta es “justa y ambiciosa” y tiene en cuenta “la prioridad de la República Argentina” de “continuar la senda de crecimiento con inclusión social”.

Sin embargo, la presentación de las metas argentinas no estuvo exenta de polémica, ya que distintos referentes ambientales y organizaciones no gubernamentales, como fue el caso de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), rápidamente tildaron esos compromisos de “conservadores y poco ambiciosos”.

Las críticas más fuertes estuvieron orientadas a que el plan nacional “fomenta el desarrollo de energía nuclear y la construcción de grandes represas hidroeléctricas”, a pesar del potencial de desarrollo de energías más limpias, como la eólica y la solar.

Otros compromisos latinos bajo la lupa

Al analizar los compromisos de los países latinoamericanos, el de Costa Rica resalta como uno de los más ambiciosos, ya que su INDC pone como meta ser carbono-neutral en el 2021. Es decir, no sólo reducirá sus emisiones de gases de efecto invernadero, sino también compensará las restantes, principalmente gracias a acciones forestales. Sin embargo, el logro de ese objetivo dependerá del financiamiento internacional que pueda conseguir.

Brasil, el mayor emisor de gases de efecto invernadero de la región y el quinto a nivel mundial, también realizó una propuesta ambiciosa al proponer una meta incondicional de reducción absoluta de sus emisiones en un 37 por ciento -sobre los niveles de 2005- para 2025, y en un 43 por ciento para 2030. Sin embargo, la propuesta fue cuestionada ya que el Observatorio del Clima de Brasil había asegurado que el país podía reducir hasta un 57 por ciento sus emisiones.

Otro de los grandes emisores, México fue el primer país de la región en presentar su INDC, en el cual se propone reducir incondicionalmente 25 por ciento sus emisiones al 2030. La cifra se podría elevar a 40 por ciento de conseguir apoyo financiero y tecnológico internacional. Le siguieron Colombia y Perú con un similar nivel de ambición, contemplando una reducción del 20 por ciento para 2030 y un 10 por ciento adicional con apoyo.

El gran desafío de la adaptación

Los INDC de América Latina no sólo buscan trabajar en mitigación sino también en adaptación, ya que la región es vulnerable al cambio climático y ha empezado a sufrir sus efectos. Fenómenos climáticos extremos, sequías prolongadas, inundaciones, aumento del nivel del mar y derretimiento de glaciares observados en la última década han puesto en la agenda de los líderes latinoamericanos la necesidad de adaptarse a través de distintas medidas.

Sistemas de alerta temprana sobre lluvias intensas, inundaciones y olas de calor, así como también el desarrollo de sistemas de respuesta y recuperación de desastres, entre otras acciones, son parte del desafío de la adaptación de la región al cambio climático.

Al respecto, Ecuador buscará fortalecer la capacidad adaptativa de al menos 50 por ciento de los cantones más vulnerables del territorio nacional, establecer sistemas de alerta temprana y gestión de riesgo en todos los órdenes de gobierno y alcanzar una tasa cero de deforestación. Perú identificó áreas transversales en las que se debe actuar para adaptarse y Argentina resaltó las acciones ya realizadas, que se podrían profundizar de conseguir financiamiento internacional.

Es necesario un acuerdo global urgente acorde a las exigencias actuales y los escenarios científicos proyectados.

El futuro se define en diciembre

La COP21 de París se presenta como una ventana de oportunidad para frenar el cambio climático y disminuir sus consecuencias -en algunos casos, de dimensiones catastróficas. Es necesario un acuerdo global urgente acorde a las exigencias actuales y los escenarios científicos proyectados.

Los expertos coinciden en que cuanto más se tarde en comenzar a reducir emisiones, más drástica será la transformación que deberemos hacer -y más altos serán los costos- para afrontar los impactos del cambio climático. América Latina puede y debe estar a la altura del desafío.

 

 

Esta nota sobre la COP21 y América Latina fue publicada originalmente en la revista Ecomanía Nº 26

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