La crisis energética prolongada debió haber llamado la atención del Gobierno. Ante una situación energética costosa e insostenible para el país, debió haber desarrollado otras soluciones. Hay que preguntarse qué intento el gobierno, y por qué nada cambió.

crisis energética argentina

En 2005, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico  CAMMESA, empresa privada a cargo de la electricidad en Argentina emitió una advertencia: la situación energética del país no es sostenible: pobre infraestructura junto a un potencial energético estable que no satisface una demanda en aumento. El Gobierno tardó mucho tiempo en actuar, y cuando lo hizo, dos años después, fue para aumentar las importaciones de combustibles fósiles del Venezuela. La crisis energética ya era un hecho.

Año a año, el precio de las importaciones de energía fue aumentando, representando un costo en divisas extranjeras cada vez más alto para el Estado. La escasez de energía también trajo frecuentes cortes de electricidad y gas.

Como consecuencia de esta crisis energética, el país, sin otra escapatoria y desesperadamente necesitado de inversiones, firmó en julio un acuerdo con Chevron, considerado por muchos como una “entrega de soberanía”.

La crisis energética y las energías renovables

Durante todo ese tiempo, el potencial de la Argentina en energías renovables, aunque considerado como muy importante, quedó sin ser explotado. Con las energías renovables, el gobierno tendría una oportunidad para desarrollar una fuente en el largo plazo que no implicara riesgos ambientales importantes. Por más que surgieron algunas iniciativas,  nunca trajeron los resultados esperados y, menos, resultados significativos.

No es que el Gobierno no haya tomado en cuenta la importancia que tienen las energías renovables en el crecimiento económico y en la paliación de la crisis energética. En 2006 promulgó la ley 26.190 que no sólo declaró de “interés nacional la generación de energía eléctrica a partir de uso de fuentes de energía renovable”, sino también estableció el objetivo de que en diez años la porción de energías renovables sería del 8% del consumo nacional de electricidad. Varios programas fueron creados para cumplir con ese objetivo y atraer inversiones. El más importante es GENREN. Dividido en dos etapas, ese programa quería incentivar la inversión en fuentes alternativas de energía y en 2010 se adjudicaron 895MW.

Según la secretaria de energía, GENREN 1 demandaba una inversión de alrededor de 10.000 millones de dólares. En 2011 el gobierno inhabilito los CAE (Contratos de Abastecimiento de Energía) para aliviar el problema de la financiación. A pesar de eso, muchos programas no se ejecutaron (y no se ejecutan) porque no hay financiación y sólo se concretaron 82MW (77MW de fuentes eólicas y 5MW de fotovoltaicas), es decir, menos del 10% del total de los programas.

¿Por qué hay poca financiación para energías renovables en Argentina?

Debe tenerse en cuenta que los créditos no pueden venir únicamente del interior y los inversores internacionales necesitan una garantía para hacer tal inversión. La frágil estructura institucional y el establecimiento de un marco regulatorio improvisado y con fallas importantes no pudieron y no pueden dar aún esa garantía.

Hay, no obstante, negociaciones para modificar la ley, pero ese proceso no ha tenido todavía grandes resultados y los profesionales miran la ley actual como un fracaso. En un contexto óptimo, GENREN 2 habría entrado en marcha en el año 2012, pero se encuentra estancado. La inestabilidad institucional hace que los inversores teman un cambio en el contexto político que cancele los acuerdos existentes. Además, las energías renovables no sólo implican una inversión muy importante, sino también un rendimiento de inversión a muy largo plazo. Es decir, necesitan tener una gran confianza en que las cosas van a seguir así durante 15-20 años. Eso es algo que, para muchos, no existe en Argentina.

Esa carencia institucional también se ve en la gran disparidad de responsabilidades. No está claro quiénes son los responsables de implementar, tanto para los mismos miembros de la burocracia como para los políticos e inversores extranjeros.

Todo esto significa una falta de planificación muy importante que destruye la mayoría de las iniciativas. Además, la existencia de una Secretaría de Energía (y no un Ministerio) hace que haya un gran potencial de distorsión, pues el Ministerio de Planificación Federal está a cargo de implementar las políticas.

La falta de claridad hizo que no sólo no se invirtiera suficiente, sino también que cuando se invirtió, se invirtió mal. Esta multiplicidad de factores explican porqué a pesar de un potencial en energías renovables muy importante, Argentina no logra usarlo (podemos preguntarnos cómo Alemania se estanca en 7000MW de PV, mientras Argentina apenas produce 20).

La energía tiene una importancia indiscutida para el desarrollo. Seguir con las políticas actuales no sólo representa un costo para el Estado y para el medio ambiente, sino también para el pueblo, que sufre de las errores del gobierno.

 

La foto de este artículo sobre la crisis energética argentina es de Gustavo (lu7frb) y se rige bajo una licencia CC BY NC SA

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