El_Jilguero

El turismo es una de las actividades económicas más importantes del mundo y todos los días crece a una velocidad verdaderamente impactante. Como consecuencia, tiene un efecto importante en muchos campos de la sociedad: la economía, la infraestructura social y cultural, entre otros.

El medio ambiente no es un factor ajeno a ello ya que el crecimiento poco meditado y no sostenible de la actividad puede causar un efecto negativo y tener graves consecuencias en el sector. A partir de esto, surgió una nueva forma de viajar conocida como turismo sustentable.

“Es un modo de desarrollo de la actividad turística desde un punto de vista integral. Implica la participación activa de las personas que viven en el territorio a visitar, a diferencia del turismo tradicional donde el destino es un telón que poco tiene que ver en la toma de decisiones”, sostiene Ernesto Gamboa director del Grupo de Turismo Sustentable.

El desarrollo del turismo sustentable responde a las necesidades de los viajeros y de las regiones, a las cuales busca proteger y mejorar sus oportunidades a futuro. Está enfocado en la gestión de todos los recursos de manera que satisfagan todas las necesidades económicas, sociales y estéticas y a la vez respeten la integridad cultural, la diversidad biológica y los procesos ecológicos esenciales.

Turismo rural en estancias coloniales, deportes de alto riesgo en el Paraná y tours para conocer la cultura y las costumbres de los pueblos originarios son sólo alguna de las alternativas generadas por los propios pobladores locales para incentivar el desarrollo de sus localidades sin afectar el ecosistema que las rodea.

Otras regiones que también han incentivado la conservación del medio ambiente son la Patagonia y el Noreste, donde localidades como Esquel, El Bolsón y Puerto Madryn implementaron criterios de sustentabilidad.

“El viajero busca un ecosistema lo más natural posible y que este bien conservado y gestionado. Puede ser un parque nacional, una reserva provincial o áreas sin ningún status como la selva del Monte Chaqueño. Quiere ver naturaleza en su estado más puro y virgen”, afirma Juan Martín Ezcurra de la Fundación Ecoturismo Argentina.

En la provincia de Buenos Aires, el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible posee un sistema de certificación de Alojamientos Turísticos Sustentables, conforme a criterios de construcción y prácticas de eficiencia. Hoteles de la costa bonaerense, de la sierra de Tandil y del delta del Paraná ya están aprobados por este sistema pionero.

“Casi cualquier tipología de turismo puede ser desarrollada de un modo sustentable. Habría que permitir la participación de todos los sectores en la planificación, facilitar las inversiones locales y tener en cuenta la capacidad de cargad el recurso”, asegura Gamboa.

Un efecto devastador

La Organización Mundial de Turismo revela que la cantidad global de turistas internacionales pasó de 25 a casi 900 millones al año y en 2020 serán 1500 millones. Un fenómeno de esas características genera impactos de diferente tipo en los destinos visitados.

Si bien el turismo genera empleo para la población local, muchas veces es ocasional y poco calificado. Además, suele trataste de un trabajo inestable debido a las características de la actividad. Por otro lado, las infraestructuras generadas se fabrican según las prioridades y no de una manera equilibrada.

“El turismo de masas es extremadamente violento con el medio ambiente. Se sobreutiliza el agua, aparecen problemas relacionados al tratamiento de los residuos, se destruyen monumentos históricos, hay contaminación de diversos tipos y surgen cambios en el paisaje”, describe Ezcurra.

Un ejemplo sustentable

Rodrigo Rapoport es uno de los fundadores de Triskel, una de las tantas agencias de turismo que propone un concepto responsable del mismo. “El turismo es una herramienta muy fuerte del consumo responsable. El viajero quiere volver a ser protagonista pero muchas veces no sabe lo que quiere. Necesita experiencias relacionadas a la ecología y al contacto con otras culturas”, dice Rapoport.

Todos los servicios ofrecidos por la agencia están destinados a que la persona se sienta que está consumiendo responsablemente. Pero también el individuo se compromete a no generar contaminación ambiental ni cultural. Además, de cada reserva la empresa aporta como mínimo diez dólares para acciones de proyectos sociales conscientes.

“Cuando un producto no es sostenible, directamente no lo promocionamos. Solamente difundimos lo que está certificado. No porque seamos ecológicos tenemos que brindar un mal servicio. Podemos ser responsables ecológicamente y socialmente pero también dar un excelente trato”, sostiene Rapoport.

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