Aunque para muchas personas el cambio climático suena como algo lejano, los habitantes de la ciudad de Mérida en Venezuela han visto generación tras generación cómo los glaciares desaparecen. Ahora, la desaparición ya está casi completa, transformando al país en el primero en el mundo en quedarse sin glaciares.

Glaciar del Pico Humboldt. Foto: Wilfredorrh. Licencia: Creative Commons CC BY-NC-ND 2.0
Glaciar del Pico Humboldt. Foto: Wilfredorrh. Licencia: Creative Commons CC BY-NC-ND 2.0

Una de las leyendas más conocidas de los Andes venezolanos es la de las cinco águilas blancas. En ella se cuenta como Caribay primera mujer entre los indios Mirripuyes, persiguió a través de las montañas las sombras de cinco águilas que volaban muy alto, ella quería adornar su coraza con su plumaje raro y espléndido. Luego de mucho andar las encontró cada una sobre una cima, petrificadas, congeladas, convertidas en cinco masas enormes de hielo.

Este es el origen fabuloso de la Sierra Nevada de Mérida en Venezuela, las cinco águilas blancas de la tradición indígena son los cinco elevados riscos siempre nevados. La Corona, con dos cimas: Humboldt (4.942m) y Bompland (4.883m); La Concha (4.870m); Bolívar (4.978m); El Toro (4.758M), y El León (4.720M). Durante veinte mil años las águilas blancas custodiaron las cimas de estas montañas. Hoy, cuatro de ellas ya remontaron su vuelo al firmamento dejando la cima de las montañas sin su manto blanco.

La ciudad de las nieves eternas

La ciudad de Mérida nació en la falda de la Sierra Nevada y por eso su nombre siempre se relaciona con la montaña y la nieve. En 1558 las cimas de las montañas merideñas estaban siempre blancas y Mérida era llamada “la ciudad de las nieves eternas”. Había tanta nieve que, se podía esquiar. Los habitantes de los pueblos más cercanos a la montaña, cortaban grandes pedazos de hielo de los glaciares, y lo vendían en el mercado para hacer raspados.

Los habitantes de la ciudad de las nieves eternas nunca pensaron que el hielo iba a desaparecer, pero desde hace poco más de un siglo, la gente comenzó a darse cuenta de que lentamente se derretía la nieve y cada vez estaba más arriba.

En un artículo periodístico de 1890, don Tulio Febres Cordero el gran cronista de la ciudad manifiesta su preocupación por la disminución de la nieve de la Sierra. “La noticia no es fresca. De tiempo atrás se dice que la nieve de la Sierra va en disminución, y los vecinos de mayor edad señalan con tristeza los sitios donde la nieve ha desaparecido por completo. La disminución es lenta pero desgraciadamente cierta.”

De los cinco gigantes blancos que una vez cubrieron las montañas, el glaciar del pico Humboldt es el último de los Andes Venezolanos. Los escasos remanentes del glaciar del pico Bolívar, único visible desde la ciudad de Mérida en este siglo, ya no se consideran un glaciar.

José Betancourt, montañista con más de 53 años de experiencia, recuerda su primera ascenso a los glaciares. “Para mí fue una experiencia maravillosa, inolvidable, ver todo los flancos de las montañas: norte, sur, este y oeste cubiertos de una espesa capa de nieve. ¡Paredes de hielo de 30 metros de altura! jamás pensé que la montaña iba a perder ese manto blanco. Cuando vinieron algunos científicos y dijeron que los glaciares se iban a extinguir, yo no lo aceptaba. ¡No, eso no puede ser, si los glaciares son eternos! Mérida la ciudad de las nieves eternas. Y así fue, a paso agigantado empezaron a derretirse de una forma muy rápida. Yo me quedaba mirando las paredes de hielo y empezaban a caerse, era como si el poder de la mirada derretía la nieve, y en cuestión de años se fueron.”

El cambio climático despierta las cinco águilas blancas

Desde la década de 1950 el calentamiento a nivel global se ha acelerado significativamente, con tasas de aumento de la temperatura decena de veces más rápidas que las que las que venían ocurriendo antes de la revolución industrial. Los investigadores del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Climático -IPCC- han concluido que más de la mitad del cambio climático desde mediados del siglo XX puede ser atribuido a los impactos de las actividades humanas, entre ellas, especialmente, la emisión de gases de efecto invernadero.

Aunque para muchas personas el cambio climático suena como algo lejano, futurista que ocurre en otros lugares, los habitantes de la ciudad de las nieves eternas han visto generación tras generación como los glaciares desaparecen.

Informes de la UNESCO reportan que en los últimos cincuenta años los glaciares venezolanos han perdido una masa cercana al 85% de la totalidad del hielo, este proceso de desglaciación, de perdida de hielo glacial se ha visto incrementado debido al calentamiento global, y a fenómenos como el niño y la niña.

Los habitantes del hielo

Al hablar de biodiversidad pensamos inmediatamente en la macroflora (plantas, arboles, etc.) y en la macrofauna (aves, mamíferos, peses, entre otros), pero esta visión tan limitada deja de lado una enorme multitud de seres vivos, invisibles al ojo humano y, en su gran mayoría, desconocidos: los microorganismos, el grupo de seres vivos más numerosos y abundante del planeta.

Durante décadas se pensó que los glaciares estaban desprovistos de vida, que no eran sino gigantescas masas de hielo estéril. Y sin embargo, un inesperado descubrimiento revelo que los glaciares albergan una enorme diversidad de microorganismos vivos que podían ser detectados y cultivados en condiciones de laboratorio.

Andrés Yarzábal, microbiólogo de la Universidad de Los Andes y apasionado por conocer la vida escondida en los glaciares tropicales, ha dejado su laboratorio para enfrentar el reto de colectar muestras a más de 4.900 metros de altitud en los glaciares del Humboldt y el Bolívar. Su objetivo es conocer en detalle la composición microbiana de los glaciares y crear un banco de microorganismos que permita su aprovechamiento por parte de generaciones futuras.

“Nosotros estamos tratando de rescatar lo que podamos rescatar en términos de vida, de biodiversidad antes de que los glaciares se terminen de descongelar cosa que va a suceder en muy poco tiempo” dice Andrés.

Aunque los glaciares solo representan casi el 10% de la superficie terrestre, es allí donde se encuentran confinados algunos de los seres vivos más fascinantes y potencialmente útiles para la humanidad. Andrés Yarzábal afirma que “estos microorganismos pueden sobrevivir y multiplicarse en condiciones muy extremas: altas presiones, bajas temperaturas, cantidades mínimas de nutrientes y agua en estado líquido, el estudio de estos microorganismos permitiría conocer cómo se originó la vida en el planeta tierra y establecer la manera de buscar vida en otros planetas.

Sin embargo gran parte del interés en el estudio de microorganismos que colonizan los glaciares responde al enorme valor que tienen para la industria biotecnológica, pudiéndose usar en biomedicina, en el combate de enfermedades, para el procesamiento de materias prima, y como insumos biotecnológicos”.

Los microorganismos que viven en ambientes fríos son capaces de producir compuestos de gran utilidad y valor, muchos de estos compuestos han sido patentados y son comercialmente explotados hoy en día, por ejemplo detergentes que eliminar las manchas de las prendas de vestir, procesamiento de jugos de fruta y leche a bajas temperaturas, nuevos tipos de vacunas, cremas protectoras anti-UV y biofertilizantes.

Inicio de una nueva vida

Los habitantes de la ciudad que presumía ser la de las nieves eternas, descubren que la eternidad tiene fin. Sin embargo, la desaparición de los gigantes blancos es una oportunidad para la vida.

La doctora Alejandra Melfo, editora del libro Se van los glaciares: cambio climático en los Andes Venezolanos, afirma que “cuando desaparece un glacial el ecosistema cambia: llegan los líquenes, los musgos, vienen las plantas y los animales, se forma un ecosistema nuevo. En lugar de hielo vamos a tener nueva vida, oportunidad de desarrollarse para multitud de seres vivos. Dentro del mismo hielo los microorganismos que quedaron atrapados por miles y miles de años van a volver a colonizar. Así, la vida se va abriendo paso”.

Este proceso puede tomar más de mil años. Finalmente la muerte del glaciar será el inicio de la vida de un nuevo ecosistema. Para Alejandra Melfo: “algo sin duda, hermoso de ver”.

Lo que nos recuerdan los glaciares

Venezuela será el primer país del mundo en quedarse completamente sin glaciares, es un momento muy triste para la ciudad y para los habitantes de la cordillera andina de Mérida.

“Siento nostalgia de todo aquel pasado, tenemos que mirar las fotos con nostalgia y enseñar a las nuevas generaciones. Nuestras montañas no dejaran de ser bellas, pero siempre hará falta ese toque blanco que engalanaba nuestras cimas,” nos dice José Betancourt.

Para Alejandra Melfo la desaparición de los glaciares nos recuerda que la tierra es un planeta cambiante “los glaciares están desapareciendo porque estamos en un periodo interglaciar, y esto empezó a ocurrir mucho antes de que apareciera la gente, pero definitivamente el cambio climático ha acelerado su desaparición. Estamos viendo directamente las consecuencias de nuestra acción sobre el planeta, tenemos la responsabilidad de detener en lo posible los efectos del cambio climático, y desde ahora hacer las cosas bien. Los glaciares mientras desaparecen nos recuerdan nuestro deber con el planeta y la conservación”.

El presente artículo fue ganador del tercer puesto del curso “Comunicar la Biodiversidad” de Claves21 y Earth Journalism Network.

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