Los glaciares se están derritiendo. El gigantesco iceberg de más de un billón de toneladas que se desprendió de la Antártida en 2017 es el mejor ejemplo de los efectos que está teniendo el cambio climático sobre las superficies heladas del planeta.

Los glaciares del Huayna Potosí, en Bolivia, muestran un retroceso sin precedentes. Foto: Esmée Winnubst. Licencia: CC BY 2.0
Los glaciares del Huayna Potosí, en Bolivia, muestran un retroceso sin precedentes. Foto: Esmée Winnubst. Licencia: CC BY 2.0

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, conocido como IPCC, indicó que los últimos diez años han sido los más calurosos del siglo y la temperatura del planeta no piensa bajar. Esto pondría en peligro a los glaciares, que cumplen una función clave en la regulación de los ciclos del agua.

En épocas de sequía o poca lluvia, los glaciares proveen un amplio caudal de agua para el consumo humano. Ciudades latinoamericanas como Lima, en Perú, y La Paz, en Bolivia, dependen en gran parte del agua de los nevados andinos: el 70% del suministro proviene de ellos. Su acelerado derretimiento de los glaciares incrementa los riesgos para estos países.

Hace siete años, Bolivia presenció la desaparición de uno de sus glaciares más importantes: el “Chacaltaya”. Su manto nevado se derritió por completo y dejó sin entretenimiento a la pista de esquí que solía ser la más alta del mundo. Situado a sólo 30 kilómetros de La Paz, este glaciar abastecía el 80% del agua potable de la ciudad. Su desaparición tuvo grandes consecuencias en el suministro, llevando a la emergencia a varios municipios.

Pequeño Alpamayo, en la Cordillera Real de Bolivia: hasta no hace mucho, aquí había un glaciar. Foto twiga269 ॐ FEMEN. Licencia: CC BY NC 2.0.
Pequeño Alpamayo, en la Cordillera Real de Bolivia: hasta no hace mucho, aquí había un glaciar. Foto twiga269 ॐ FEMEN. Licencia: CC BY NC 2.0.
Perú será el primer país en América Latina que sufrirá estrés hídrico permanente por los efectos del cambio climático.

Perú también ha viso la desaparición de sus glaciares: casi la mitad (42%) de ellos se han derretido. El Quelccaya, el glaciar tropical más grande del mundo, ubicado en el departamento de Cusco, viene derritiéndose a un ritmo de 60 metros anuales, lo que implica su mayor disminución en 5 mil años. Su desaparición completa afectaría seriamente el suministro de agua de las principales ciudades peruanas.

El futuro del Perú está en juego. La Organización Internacional del Agua proyecta que en 2025 el Perú será el primer país en América Latina que sufrirá estrés hídrico permanente por efectos del cambio climático. Hoy son más de 7 millones de habitantes los que carecen de acceso al agua potable en este país.

Bolivia, por su parte, ya ha vivido situaciones graves de estrés hídrico en el pasado. Desde fines del siglo XX, el desabastecimiento de agua ha generado manifestaciones populares como la conocida “Guerra del Agua” en Cochabamba. El último gran desabastecimiento lo vivió La Paz. Las pantallas de los medios de comunicación mostraban a cientos de personas agolpándose alrededor de camiones cisterna, con bañadores, baldes y botellas para abastecerse. Más de 177.000 familias fueron afectadas por la escasez.

En una entrevista, Leandra Díaz, especialista hídrica de SASA Bolivia, opinó sobre la relación entre la escasez de agua en Bolivia y los efectos del derretimiento de los glaciares: “La Paz es una ciudad crítica, porque la cuenca de agua es compartida con otras ciudades, como El Alto. La medición de huella hídrica que hicimos mostró que el agua de La Paz se abastece en un 30% de los glaciares. La ciudad de La Paz es muy vulnerable a los efectos del cambio climático. Los glaciares se derriten y ya estamos sufriendo las consecuencias”, subrayó la especialista.

Leandra Díaz es ingeniera ambiental y pertenece a la organización SASA que implementó el Proyecto Huella de Ciudades en La Paz y Lima, entre otras.

“Las personas necesitan ser más sensibles a este tema, hacer un mejor uso del agua”.

Apoyada por los gobiernos municipales, SASA realizó una medición de todos los consumos y usos del agua, y de su contaminación. Los resultados mostraron que la gestión del recurso en La Paz es ineficiente ya que se pierde un 40% de agua potable sólo en su distribución.

Díaz explicó que el mayor derroche de agua se da en los hogares y residencias urbanas que se llevan el 80% de la responsabilidad del uso y contaminación del agua. Cuestionó la falta de sensibilidad de la población paceña e indicó la necesidad de integrar los costos del tratamiento del agua.

“Es necesario comenzar a pagar por todo lo que implica la cadena del agua, desde la potabilización, que actualmente es el único costo que se paga, hasta el tratamiento del agua ya que este proceso limpia el agua que nosotros contaminamos. Las personas necesitan ser más sensibles a este tema, hacer un mejor uso del agua. Hay formas fáciles de comenzar como por ejemplo implementar equipos ahorradores de agua en casa, que reducen el desperdicio en un 70 a un 80%”.

El involucramiento de las personas que viven en ciudades es clave ya que más del 60% de los bolivianos viven en áreas urbanas. Sin embargo, el estudio de SASA indica que nueve de cada diez personas que viven en las ciudades de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Tarija tienen un “comportamiento insostenible con el planeta”.

Desde las entidades de gobierno se están llevando adelante campañas de sensibilización. La última fue la Campaña para el Carnaval que hacía un llamado a los “compadres” y “comadres” a ser responsables en el uso del agua en los juegos típicos del Carnaval. Pero esto parece poco ante los enormes desafíos que enfrentan las sociedades andinas.

En Lima se instaló el primer panel publicitario que genera agua potable a través de la captura de la humedad del ambiente.

Algunos de los mejores ejemplos están en las comunidades rurales bolivianas. Como el caso de la comunidad María Auxiliadora de Cochabamba que pasó de recibir agua potable en camiones cisterna a tener un sistema de suministro autogestionado como una cooperativa. Esta comunidad trabajó mancomunadamente para que todos y cada uno de sus miembros tenga un grifo y alcantarillado. Es uno de los 700 barrios con proyectos comunitarios licenciados y reconocidos por el gobierno boliviano.

En Perú también se encuentran ejemplos interesantes. En la ciudad de Lima se instaló el primer panel publicitario que genera agua potable a través de la captura de la humedad del ambiente. Un innovador proyecto de los estudiantes de la Universidad de Ingeniería & Tecnología del Perú. La idea era concientizar a los conductores de la autopista Panamericana Sur, a la vez que se generaba agua para la comunidad aledaña.

Cisternas de distribución de agua potable en Perú. Foto: ContraloriaPeru. Licencia: CC BY NC SA 2.0
Cisternas de distribución de agua potable en Perú. Foto: ContraloriaPeru. Licencia: CC BY NC SA 2.0

En las comunidades rurales peruanas también hay casos interesantes, como los proyectos en los sistemas de la papa que buscan soluciones simples para superar el estrés hídrico y mitigar los impactos del cambio climático. Como por ejemplo, utilizar cierto tipo de insectos para combatir plagas, en lugar de pesticidas.

La creatividad es el límite en esta cruzada por sensibilizar a la población. Desde nuestro rol como comunicadores, tenemos la oportunidad de impulsar una cultura respetuosa del agua para que los ciudadanos usen conscientemente los recursos.

Podemos ayudar a reconectarnos con los Apus, volver a cuidar la naturaleza como lo hacían antes las comunidades andinas. Debemos esforzarnos para que estos Apus no pierdan sus ponchos blancos ya que está en juego el agua de Bolivia y del Perú.

Cualquier granito de arena será importante para contribuir a mitigar los efectos del cambio climático y disminuir las inequidades en el acceso al agua.

Como bien lo ha dicho la exploradora y defensora ambientalista, Alexandra Cousteau, nieta del oceanógrafo Jacques Cousteau, si el agua no está donde y cuando se la necesita para su uso, es como si no se dispusiera de ella en absoluto”.

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Este artículo obtuvo el Premio de Periodismo Ambiental 2017 organizado por la Revista Claves21. Fue publicado originalmente en el Periódico La Región.

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