Pese a que su extracción es extremadamente costosa, se estima el shale oil revolucionará el mapa energético global. Pero ¿existen certezas sobre la manera en que repercutirá en el medio ambiente? Shale oil en Argentina - Claves21 noticias ambientales

Las reacciones sobre la extracción del hidrocarburo no convencional conocido como shale oil han sido diversas. Algunos, enfervorizados, hablan de “la energía del futuro”. Otros, más cautos, sostienen que es “una opción interesante a evaluar”. El hecho concreto es que el petróleo de esquistos bituminosos ocupa hoy un lugar relevante en las agendas energéticas a nivel tanto nacional como internacional.

El por qué de esta relevancia la podemos entender claramente si tenemos en cuenta el certificado de defunción que se le ha firmado al petróleo convencional.

Hace ya varias décadas que se sabe de la existencia del shale oil; pero ha pasado a ser alta prioridad para los gobiernos desde que un estudio del Departamento de Energía de los Estados Unidos reveló que la Argentina es el tercer país con mayores recursos potenciales de gas no convencional, detrás de China y de Estados Unidos.

A partir de ese momento, el megayacimiento conocido como Vaca Muerta adquirió cada vez más popularidad. Se estima que los recursos no convencionales de shale oil en la Argentina suman 774 billones de pies cúbicos. No son pocos los analistas de la economía y de la geopolítica que se entusiasman ante estas novedades energéticas. “Con paciencia, tiempo y dinero los resultados dentro de unos años pueden ser fabulosos. Pero enfatizo el factor dinero, porque las extracciones son costosísimas y complejas”, sostiene el periodista especializado Ignacio Ros. “Los beneficios de contar con este tipo de hidrocarburo no convencional son altísimos. Por ejemplo Estados Unidos tiene planificado el autoabastecimiento energético en un mediano plazo. Pasa a ser exportador”, concluye.

Por su parte, el periodista chileno Felipe Ramírez Mallat, editor para América Latina de la revista de negocios Inversor Global, asevera: “con un marco regulatorio estable, la extracción puede propiciar un crecimiento exponencial en todos los niveles. Hoy en día dos procesos tecnológicos como la perforación horizontal y el fracturamiento hidráulico se han abaratado lo suficiente como para cambiar la oferta de combustible como nadie lo imaginaba. La Argentina no puede dejar pasar esta oportunidad”.

Con respecto a las cuestiones de extracción, el recurso utilizado para este fin es mucho más complejo que el del gas tradicional, ya que el shale estaba “escondido” entre las rocas. Extraerlo es muy costoso. La AIE estima que desde la fecha hasta el año 2035, aproximadamente se van a gastar 35 mil millones de dólares.

La perforación horizontal necesaria para su extracción permite a los taladros llegar a una angosta capa de piedra sedimentaria laminada a más de 1.500 metros bajo tierra. Una vez que llega a la roca, dobla en forma horizontal a lo largo del estrato. Y el fracturamiento hidráulico permite sacar el petróleo y el gas atrapados en las grietas. Luego precisa ser procesado, embarcado y almacenado. Tengamos en cuenta que son proyectos con una vida útil de más de 20 años.

Hace sólo unas semanas, en un seminario sobre finanzas dictado por el IAEF (Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas), Walter Molano, director del prestigioso BCP Securities enfatizó en el impacto estratégico global que tendrá la extracción de estos grandes reservorios y en las modificaciones que impondrá en el esquema energético mundial ya que varios países pasarán al frente a la hora de tanto de abastecerse como de exportar.

Las aseveraciones y los informes especializados sobre energía no nos dejan dudas al asegurarnos que nos encontramos en el umbral de un nuevo paradigma energético.

Repercusiones del shale oil en el medio ambiente

La contracara a la algarabía general por las oportunidades que puede brindar este nuevo hidrocarburo se ven por estos días en algunos países de la Unión Europea. Francia, República Checa, Bulgaria y Rumania han suspendido el trabajo de exploración en sus yacimientos por considerar que el impacto en el medio ambiente es demasiado grande.

Por ejemplo Rumania ha decidido congelar las exploraciones para hallar el gas de esquisto hasta que se llegue a una conclusión final sobre los efectos sobre el medio ambiente de la técnica de fracturación hidráulica. No es un tema menor si tenemos en cuenta los apremios con los que cuentan hoy los países de la Unión Europea a la hora de recibir inversión directa y de crear puestos de trabajo.

El desafío a nivel energético y económico está más que claro: atraer inversiones millonarias para extraer los recursos y aprovecharlos al máximo. Pero el otro desafío igual de trascendental consiste en aprovechar las oportunidades que brindan los hidrocarburos ocasionando el menor costo ambiental posible.

Hay que tener en cuenta que en el proceso de extracción la fractura de la roca madre demanda grandísimas cantidades de agua que se contamina con lubricantes.

La conclusión es que la revolución del shale gas es muy prometedora. Como sostienen los especialistas, ésta tienen la potencialidad de reconfigurar el mapa energético mundial.

Pero mientras se trazan planes sobre inversiones y posibles beneficios económicos, el nivel de dióxido de carbono alcanza niveles nunca vistos antes en el planeta Tierra y los cambios en el clima y en el nivel del mar son clara evidencia de un comportamiento que se debe modificar.

Las perspectivas no dejan de ser auspiciosas; pero requieren de un análisis serio y consecuente. Sólo explotando las reservas de shale oil de manera responsable y con el monitoreo gubernamental podrá garantizar que las nuevas fuentes de energía representan un logro.

Fuentes: Ignacio Rios nachoros@gmail.com /Felipe Ramírez framirez@inversorglobal.com /Walter Molano BCP Securities

Links para más informaciónhttp://geology.com/energy/world-shale-gas/    http://www.eia.gov/forecasts/aeo/

Foto: Wikipedia Commons. Autor Rjcastillo

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