Conservación de la biodiversidad desde una feria agroecológica

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¿Cómo una feria realizada cada sábado entre las 7h y las 13h con venta directa del agricultor familiar al consumidor de la ciudad contribuye a conservar la biodiversidad? En la primera cuadra de la Avenida José Bonifacio, barrio Bom Fim, en Porto Alegre (Rio Grande do Sul, Brasil), encontramos la respuesta en la FAE, la Feria de los Agricultores Ecologistas.

Feria de los Agricultores Ecologistas. Foto: Eliege Fante.
Feria de los Agricultores Ecologistas. Foto: Eliege Fante.

Las 150 familias asociadas a la FAE distribuyen los frutos de su producción agroecológica en 44 puestos. Parte de estas familias son fundadoras y participantes activas desde el 16 de octubre de 1989, el día Mundial de la Alimentación, bajo los auspicios de la Cooperativa Coolmeia (1978-2006). La misma reúne a ecologistas reconocidos, tanto para la construcción del movimiento ambientalista como para la política ambiental de Rio Grande do Sul.

Luego de la desintegración de Coolmeia, FAE continuó creciendo hasta la creación de la Asociación Agroecológica en 2006. Roque Domingos Rossi, presente desde 1989, dijo que “cuando la Coolmeia inauguró la FAE, no existía otra feria para el consumidor de Porto Alegre.

De acuerdo con la geógrafa Claudia Dreier, la FAE fue “la primera feria ecológica de Brasil luego de la Revolución Verde y sirvió de modelo para otras ferias de estados vecinos”. En su investigación, Dreier demuestra cómo la biodiversidad es favorecida a partir del trabajo de los agricultores ecologistas: variedad en la cosecha, equilibrio en el medio ambiente, preservación de ecosistemas y especies nativas, aprovechamiento de plantas alimenticias no convencionales y rescate de semillas criollas, entre otras.

Actualmente, el público interesado en alimentos sin agrotóxicos y que valora la biodiversidad sureña encuentra más de 20 ferias similares en otros barrios, en universidades y ONGs que incentivan la agroecología en la capital del Estado.

“Además de conservar la biodiversidad, nuestro trabajo hace que la biodiversidad sea productiva y nuestra familia tenga ingresos”.

Los asociados de la FAE parten de los cerca de 30 municipios de origen al inicio de las madrugadas del sábado para esperar la clientela a partir de las 7 de la mañana. Ellos pertenecen a la agricultura familiar, algunos cuentan con financiamiento de cooperativas de crédito donde están asociados o de programas para la agricultura de los gobiernos. En promedio, en un puesto de la FAE, pueden entrar cerca de 15 mil reales al mes. La agroecología proporciona a los asociados la sostenibilidad de las familias en diversas dimensiones, de la salud a la educación, de las finanzas a los vínculos sociales.

Martha Kayser, cliente que conoció a Coolmeia y marca presencia entre miles todos los sábados en la FAE, conmemora la toma de conciencia de las cooperativas en la década de 1980 sobre la importancia de una alimentación sana. “Creo que la FAE es la mayor inversión de Porto Alegre. Yo elijo comprar aquí mi alimento libre de agrotóxicos,” dijo.

Rossi sale del área rural de Gramado, región serrana, y recorre al menos 125 kilómetros para llegar a la dirección de la FAE en el barrio Bom Fim y montar su puesto. El manejo agroecológico en su propiedad de 24 hectáreas permite producir hierbas medicinales y PANC (plantas alimenticias no convencionales). Su puesto es uno de los más diversificadas de la FAE porque reúne cerca de cien especies.

“Además de conservar la biodiversidad, nuestro trabajo hace que la biodiversidad sea productiva y nuestra familia tenga ingresos. Difundimos las plantas, su modo de uso y los beneficios que traen para nuestra salud,” sostuvo Rossi. El agricultor se alegra al compartir información con la clientela que muchas veces se sorprende, como con los usos de la raíz de guanxuma o la lengua de vaca. Estas especies se tienen como injertos o malas hierbas en los cultivos convencionales, pero son sabrosas, nutritivas y contribuyen al equilibrio del organismo humano.

“La agricultura convencional produce monocultivos y unas pocas materias primas. Y eso trae la pérdida de variedades, de salud humana, y de biodiversidad”.

De la Banca de los Frijoles, la familia parte de Ipê para Porto Alegre en un recorrido superior a 170 kilómetros. Maiara Marcon, una de las agricultoras, cuenta que sólo en su propiedad de 16 hectáreas ya cosechó alrededor de 30 variedades de frijoles. Actualmente su puesto dispone de 15 variedades debido a problemas en la conservación de la biodiversidad, como factores climáticas, de manejo y de mano de obra. Además de los frijoles, entre los alimentos provenientes de las pequeñas propiedades de las diez familias que abastecen esta banca, se encuentran verduras, raíces, maíz y harina de maíz y condimentos, todo dependiendo de la estación del año.

“La biodiversidad tiene que ser mantenida y nosotros contribuimos para ello seleccionando las semillas, buscando intercambiar con otros productores y, hace dos años, formamos un núcleo entre mujeres y jóvenes con el objetivo de rescatar las semillas de nuestra biodiversidad,” sostuvo Marcon.

Así, mientras la agroecología conserva la biodiversidad, los agricultores ecologistas se renuevan cada edición de la feria: “La gente viene aquí y recarga las energías para volver a la propiedad rural y producir con la biodiversidad que en la FAE es valorada”, concluyó Rossi.

La feria agroecológica como política pública

Para el biólogo Francisco Milanez, la Feria de Agricultores Ecologistas contribuye de muchas maneras a la conservación de la biodiversidad. Pero sobre todo él enfatiza la importancia de la práctica de la agroecología.

“Hacer agroecología es no contaminar el agua y los ecosistemas ni devastar masivamente la naturaleza, porque es una práctica que necesita áreas preservadas. La agroecología reconoce las PANC (plantas alimenticias no convencionales). La agricultura convencional produce monocultivos y unas pocas materias primas. Y eso trae la pérdida de variedades, de salud humana, y de biodiversidad“, explicó.

De hecho, en Brasil, predomina la posesión de la tierra en la mano de pocas familias volcadas a la producción de commodities para exportación, principalmente la soja y el maíz. En 2014, el Ministerio de Medio Ambiente informó que el 90% de los inmuebles rurales eran pequeñas propiedades, las cuales ocupaban cerca de una quinta parte de las tierras del país.

Con el IBGE, Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, a través de los datos divulgados en la encuesta Perfil de los Estados Brasileños (Estadic) 2017, casi todos los estados del país incentivan la agricultura familiar y orgánica. El Río Grande do Sul, por ejemplo, posee el Plan Estatal de Agroecología y Producción Orgánica (Pleapo/RS), desde 2016 hasta 2019, que contempla apoyo financiero y técnico. En total, la producción orgánica gaúcha está presente en más de 10 mil hectáreas con 1200 familias trabajando.

La nota fue la ganadora del 1er premio en el curso Comunicar la Biodiversidad de Claves21 junto con Earth Journalism Network. 

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