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Argentina busca crecer a nivel global con sus productos orgánicos

De peras a miel, los productores orgánicos de Argentina esperan que la demanda creciente de comida saludable se consolide luego del coronavirus

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Foto Fermín Koop

“Los productores orgánicos le decimos no a las semillas transgénicas, los fertilizantes químicos, y los agroquímicos”, sostuvo Ricardo Parra, de la empresa apícola Las Quinas. Eso parece difícil de entender en Argentina, con más de 500 millones de litros de agroquímicos usados por año.

Sin embargo, la producción de orgánicos en Argentina es cada vez más importante de cara a los mercados internacionales y las empresas ahora se dirigen a los consumidores chinos, especialmente en medio la crisis del coronavirus. Con la mayoría de las personas en casa, hay un creciente apetito por comidas más saludables y más tiempo para cocinar.

“La pandemia está cambiando los hábitos alimentarios mundiales, con más personas convencidas de la necesidad de comer alimentos más saludables, lo que hace que los productos orgánicos sean una buena opción”, dijo Parra. “Con la mayoría de los restaurantes cerrados, los consumidores se vuelven más selectivos con lo que comen en casa. Tenemos una visión favorable del futuro “

Argentina, potencia orgánica

Según los últimos datos oficiales durante 2018 la Argentina exportó 166 mil toneladas, principalmente a Estados Unidos y la Unión Europea. No obstante, los analistas estiman que las exportaciones de productos orgánicos totales duplican esa cantidad porque para Estados Unidos se aplican controles diferentes a los que hacen las autoridades argentinas.

Los productos orgánicos que más exporta el país son peras, trigo, azúcar de caña, manzanas, soja, sidra, vino, puré de pera, puré de manzana, arroz, lana y miel.

“La producción orgánica argentina tiene los mayores niveles de calidad, equivalentes a los de la Unión Europea, Japón y Suiza, y, con 3,2 millones de hectáreas certificadas, ocupa el segundo lugar en el ranking mundial, detrás de Australia”, describió Parra.

El “mapa” de la producción orgánica argentina se distribuye en distintos puntos del país. En la región pampeana en el centro del país se producen cereales, leguminosas, verduras y hortalizas y en la región de Cuyo, en el oeste, vinos y olivas. En el sur se concentra el ganado ovino y en los valles a lo largo del país se producen frutas, jugos y mermeladas.

La actividad se rige por la ley 25.127 y la certificación es obligatoria para poder decir que un producto es “orgánico”. Obtener el certificado de producto orgánico lleva un mínimo de entre dos y tres años y puede resultar costoso, pero el negocio de exportar en un contexto de demanda internacional creciente hace que valga la pena y sea rentable, aseguran los expertos consultados.

Facundo Soria, coordinador del Área de Producción Orgánica, del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca considera que Argentina tiene “muchas ventajas comparativas y competitivas”, como suelos fértiles, variedad de economías regionales que se pueden convertir en orgánicas, disponibilidad de agua, además de estar en la estación del año opuesta a la de los países compradores.

Alimentos naturales

Diego Fontenla, productor del Grupo Pampa Orgánica Sur, sostuvo que la decisión de un productor de ser orgánico generalmente surge por el cuidado ambiental a partir del impacto de los agroquímicos y por el interés de producir alimentos naturales

“El producto orgánico le brinda una garantía al consumidor de que está comiendo algo seguro, mucho más nutritivo en general y que es más saludable”, afirmó Fontenla, y ejemplificó: “Un jugo de naranja orgánico es jugo de naranja, no es agua con jarabe y acidulante.”

Por su parte, Bruno Vasquetto, productor de El Mate – Alimentos orgánicos, considera que este modo de producción que no usa insumos químicos ni transgénicos “va a aumentar año a año porque la sociedad exige cada día más no sólo comida barata, sino también de calidad; y en la medida en que aumente la cantidad de productores orgánicos, van a bajar los precios de estos alimentos también”.

El despertar orgánico de China

China es un mercado con un rápido aumento en el consumo de productos orgánicos, presentes en los supermercados y mediante sistemas de suscripción que, por un monto anual, proveen periódicamente cajones de vegetales orgánicos de libre elección.

Un informe del Instituto de Investigación con Big Data de JD, el gigante del comercio electrónico chino, muestra que casi el 70% de las personas relevadas compró “productos frescos orgánicos”. Además, otro reporte de la misma empresa revela que las personas de mediana edad de la clase media china prefieren productos frescos orgánicos.

Ernesto Fernández Taboada, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Argentino-China, sostuvo que China posee una nueva generación de adultos jóvenes que está impulsando el consumo de productos orgánicos. “Son profesionales, hijos de la prosperidad, que quieren comer alimentos saludables,” agregó.

“China es un mercado para lo orgánico al que hay que prestarle atención. Va a seguir creciendo y va a ofrecer buenas oportunidades para nuestros productores. Argentina está bien conceptuada por los empresarios chinos: somos un país al que ellos llaman ‘limpio’ o ‘de cielos azules’, como Australia, Nueva Zelanda y Brasil, que son nuestros competidores”, concluyó.

El gran mercado orgánico a desarrollar

Los productores orgánicos coinciden en que China es el próximo gran mercado a conquistar con los alimentos de Argentina.

“China es el objetivo y cuando se logre va a tener un impacto muy grande”, augura Parra, de MAPO. En noviembre su empresa -Las Quinas- fue autorizada por las autoridades chinas para la exportación de miel. Si bien está trabajando para que más productores puedan homologarse, admite que para que lo orgánico argentino crezca en el gigante asiático “falta muchísimo”.

Es por eso que Parra prefiere “manejar de a poco” el negocio orgánico con China: “Tenemos que ser cuidadosos para no errar y quedar a mitad de camino. Todavía la oferta argentina no es tan fuerte para un destino de esa escala, necesitamos ser más productores y políticas de apoyo para el sector”, reconoce.

Actualmente, Australia es el principal proveedor chino, mayormente de productos lácteos orgánicos y carnes. Le siguen Estados Unidos, Europa y Japón.

La Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional de Argentina considera que existe un amplio margen para aumentar las exportaciones hacia China porque “numerosos productos orgánicos que la Argentina exporta al resto del mundo aún no están siendo exportados a ese país”.

José Alberto Bekinschtein, Director de Comercio Internacional de ese organismo, detalla que para entrar en el mercado chino “se requiere la certificación de los productos orgánicos importados bajo las normas orgánicas chinas y el cumplimiento de todas las demás leyes y regulaciones chinas”.

A diferencia de lo que sucede con la Unión Europea, Suiza y Japón, la certificación orgánica argentina no tiene equivalencia con la certificación china y eso es una barrera para la entrada de la mayoría de la producción orgánica. En 2018 sólo se exportaron 17 toneladas de productos orgánicos de Argentina a China, principalmente semillas de chía.

Juan Carlos Ramírez, ex coordinador de Producciones Ecológicas del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) sostuvo que “China es el gran mercado a desarrollar y las oportunidades son enormes, pero tiene requisitos administrativos muy estrictos”.

Nuevas certificaciones sustentables

Ante la presión creciente de la ciudadanía, los gobiernos y las empresas están estableciendo cada vez más estándares y requisitos para garantizar que la producción de alimentos cumple diversos criterios de sustentabilidad.

Bruno Vasquetto destaca que “es importante buscar certificaciones que no tengan en cuenta únicamente al producto, sino también al proceso: que se respete la biodiversidad y mejore el suelo.”

Además, Sabine Papendieck, consultora en comercio internacional y sustentabilidad, sostiene: “Hay un nuevo paradigma productivo y no se puede producir de otra forma; quien no lo sigue se pierde una porción importante de mercado”, subraya.

“En la actualidad se busca que los alimentos tengan una certificación de sustentabilidad, que no sólo se trate de si un producto es orgánico, sino que incluya el impacto ambiental, social y económico de una producción que debe ser climáticamente inteligente”, explica.

“Los estándares de sustentabilidad a seguir se multiplican y tienden a ser una condición de acceso a los mercados. Europa empezó, pero luego a modo de espejo otros países los incorporan también, y China no va a ser la excepción”, analiza Papendieck.

Ricardo Parra comparte ese análisis, a tal punto que hace cinco años a su producción orgánica le agregó otra certificación: la de “Empresa B”, que avala estándares de comercio justo, responsabilidad social y sustentabilidad.

Parra sintetiza su visión en una frase: “Cuando elegís qué producir o qué comprar estás decidiendo también en qué mundo querés vivir”.

Este artículo fue originalmente publicado en Diálogo Chino

Damián Profetahttps://claves21.com.ar/
Periodista, docente y consultor en comunicación digital.

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